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Me apasiona la fotografía desde que tengo memoria. Hacer composiciones, juegos de tonalidades, arte y muchas otras cosas forman la belleza de ser fotógrafo. Sin embargo, por ahora, no puedo decir que sea un fotógrafo completamente profesional. La primer razón es que no he estudiado específicamente para ello. Pero creo que el motivo principal -y sé que no sólo se aplica a mí- es que no vivo de tomar fotografías -no literalmente -.

Estoy convencido que al igual que yo, muchas personas con talento –aunque lo tenga que decir yo- no pueden dedicarse de lleno a la fotografía por una simple razón: empezar en esa labor resulta muy costoso. Comprar el equipo mínimo necesario para ello cuesta no menos de 400 dólares, monto que estoy seguro no viene y va como el viento. Ahora, al montar un estudio profesional, conseguir objetivos, filtros, cámaras, modelos y el resto de cosas necesarias puede hacer que gastar esos 400 dólares parezcan una bendición. Y lo peor de todo, al menos en mi país: la gente no está dispuesta a pagar lo que esperamos por nuestras fotografías. Todo lo anterior no sólo se aplica al ámbito fotográfico, estoy seguro que obtendré el mismo testimonio de diseñadores, modelos, dibujantes, actores… en fin, de artistas.

Sin embargo, la vida de un artista es emocionante. Aunque dejaré que juzguen ésa afirmación por ustedes mismos al contarles mi historia.

Hace un par de años empecé a trabajar como ayudante en un equipo de transmisión de video a través de internet. El sujeto que organizaba nuestro equipo es camarógrafo profesional en un canal de televisión. De él obtuve todos los conocimientos técnicos necesarios para manejar color, encuadres y algunas composiciones (ya que por aquel entonces el lado artístico no era su fuerte). Tras unos meses nos hicimos muy buenos amigos. Al poco tiempo, él se compró una Canon 60D. Cuando tuve esa cámara en mis manos fue la primera vez usé una DSLR –antes había usado la réflex análoga que encabeza esta entrada sólo un par de veces-. Tras probarla un poco, la fotografía me encantó más que nunca._MG_8239-Editar

Luego de eso; gracias a la bondad de mi colega, a que se había hecho de otra cámara –una Canon T2i- y al gran espíritu emprendedor de otros amigos, iniciamos una empresa de publicidad y ¡FOTOGRAFÍA! Desde entonces, a pesar de no tener cámara propia, no he parado de hacer fotografías. A día de hoy, ya logramos montar un estudio con las cosas básicas necesarias –aunque sí tuvimos que hacer nosotros mismos buena parte del equipo-.

Suena demasiado idílico, o más bien como una fantasía. Pero aún así, el sueño se está cumpliendo. A pesar de comenzar sin un solo centavo en mi bolsillo, ahora conozco lo que es ser un fotógrafo. Y lo que es mejor aún, vivo como tal.

Espero que este pequeño relato pueda ser un ejemplo de que; con un poco de paciencia, perseverancia, y aprovechando las oportunidades de la vida, no importa tener la billetera vacía. Lo importante es seguir haciendo tu arte.

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