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Acaba de conseguir por primera vez prestada una cámara reflex. Junto a unos amigos realizamos un recorrido fotográfico por las calles de Chimaltenango. Hicimos varias fotografías sobre la gente del pueblo, pero todas las tomábamos desde el auto, sin decirle a la gente sobre nuestras tomas.

Cuando íbamos regresando a mi casa, ya muy cerca de ella, decidimos hacer una última vuelta al pueblo. Pasamos al lado de una señora que andaba cargando leña, probablemente para cocinar. Inmediatamente saqué mi cuerpo por la ventana del auto y tomé la fotografía que encabeza este post. Sin embargo, la pintoresca señora daba para más.

Bajé del auto tan rápido como pude y me situé frente a ella dispuesto a tomar la fotografía. Pero ella se percató por completo de mi presencia. En cuanto me di cuenta de ello, opté por lo más lógico y le pregunté: “¿Le puedo tomar una foto?”. La señora simplemente asintió y sonrió, según creo. El resultado, una buena fotografía.

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