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Tiempo atrás, también yo
quise haber vivido
en los hambrientos años treinta
y llegar como Woody
a Nueva York,
y cantar por centavos
en los vagones del metro
satisfecho con los cinco centavos del billete
y pasando el sombrero
y recorriendo una y otra vez los bares
de la octava avenida
y recorriendo el circuito
de los salones sindicales.
Pero cuando yo llegué aquí
el billete era más caro,
quince centavos y subiendo.
Y aquellos bares en que la guitarra de Woody
repiqueteó… Han cambiado,
han sido remodelados,
y aquellos sindicatos
como el Cio
y el NMU,
¡Vamos! Te imaginas
que me necesiten
para cantar una canción
o dos.

Ah ¿dónde están las fuerzas de antaño?
¿Por qué no me encuentran aquí,
y se me presentan aquí?
El underground se ha ido más hondo,
dice el viejo deshollinador.
El underground está sin trabajo,
cantan las campanas de Nueva York.
El underground es más peligroso,
tañen las campanas de Los Ángeles.
El underground se ha ido,
lloran las campanas de San Juan.
Pero ¿a dónde?
Tañen las campanas de Toronto.
La fuerza brilla a través de mi ventana,
me anima y hace que me recupere
día a día;
de caminar con fantasmas
que resucitaron y han resucitado
de entre las ruinas y los restos
del pasado modelo.
Pese a que yo agarré sus mortajas
fui rechazado.
Y quedé confundido
porque no hubo nadie allí
que me dejara entrar.
Un viento de tierra baldía silbó
de detrás del anuncio:
“no hay nadie en casa,
todo el mundo se ha mudado”
Categóricamente negado,
me volví,
vacilando al principio,
pero dije “de acuerdo,
mensaje recibido”
¿Sintiéndome no deseado? No.
¿No amado? No.
No sentí nada,
porque no había nadie allí.
No vi a nadie
a quien desear o no desear,
a quien amar o no amar.
Quizás estén allí
pero no me dejarán entrar,
no quieren correr riesgos
con los que llaman.
¿Debiería entonces enfurecerme?
sSento que apretar mis dientes
durante un sólo segundo
significaría que
mi mente ha sido
totalmente absorbida.
Así que retrocedo a la calle
y vuelvo a recorrer el camino,
aporreando las puertas.
¿Perdido?
No, realmente
sólo buscando.
¿Un extraño?
No, no un extraño sino mejor alguien
que no viva aquí,
que no finge saber
qué merece la pena buscar.
Pero al menos,
sin fantasmas a mi lado
que traicionen mi puerilidad,
que me guíen por falsos caminos
y me hagan beber de aguas emponzoñadas.
Si, ese soy yo:
el que está aporreando vuestra puerta.
Si, sois vosotros los que en el interior
escucháis el ruido

-Bob Dylan

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